Cultura

Se infiltró en una cárcel de máxima seguridad para hacerse amigo de un asesino en serie

Por Redacción

Dicen que la realidad a veces supera la ficción y en el caso de Encerrado con el diablo no podía ajustarse mejor. La nueva miniserie de Apple TV+ puede parecer un interesante drama de prisiones cuando la observamos con la visión superficial que aportan los tráileres pero, en realidad, se trata de un caso real compuesto de intensidad dramática y reflexiones sobre la complejidad humana. Una historia suficientemente trepidante y profunda como para sentenciar que estamos ante otra apuesta infalible de la plataforma más subestimada del universo streaming.

A lo largo de seis episodios nos cuenta la historia real de James Keene (interpretado por Taron Egerton), un narcotraficante que durante 15 años vivió los lujos y privilegios que su negocio negro le proporcionaba. Desde el derroche de efectivo a coches de lujo y mujeres en su cama (así lo contó él literalmente). Hasta que lo arrestaron y sentenciaron a cumplir una década en prisión por distribución de cocaína. Pero entonces el fiscal le hizo una oferta inesperada que cambiaría su vida para siempre.

Taron Egerton en 'Encerrado con el diablo' (cortesía de Apple TV+)
Taron Egerton en ‘Encerrado con el diablo’

Al momento de su arresto, Keene había escalado posiciones como uno de los traficantes independientes más importantes de Chicago. Su simpatía lo había posicionado cómodamente entre diferentes bandos y así como hacía tratos con un cartel mexicano también lo hacía con la mafia italiana de la ciudad. Cuando llegó el momento del juicio decidió aceptar el trato que le ofreció el fiscal del distrito, Lawrence Beaumont, a cambio de declararse culpable y cumplir una condena reducida. Pero el trato escondía un engaño y el juez lo sentenció a 10 años. Por eso, el día que Keene vio al mismo fiscal visitarlo en prisión 10 meses más tarde en 1998, su primera reacción fue de desconfianza. Sin embargo, en esta ocasión, el fiscal y el FBI lo necesitaban.

Le entregaron una carpeta con fotos de dos víctimas de asesinato. Dos chicas jóvenes y sus cuerpos mutilados junto a fotografías cotidianas de otras mujeres e informes policiales sobre sus desapariciones en diferentes estados. Algunas habían sido encontradas con señales de estrangulación. La carpeta terminaba con la foto de un hombre arrestado en 1994. Era Larry DeWayne Hall, quien que se encontraba en prisión por el secuestro de la niña en la primera foto, Jessica Roach, asesinada a los 15 años. Sin embargo, el FBI y fiscal estaban convencidos que era responsable de al menos otras 20 muertes. Sobre todo porque las desapariciones coincidían con las visitas que Larry había hecho a diferentes estados, siguiendo su pasión de participar en teatralizaciones de la Guerra Civil estadounidense.

Debido a la salud mental del acusado tuvieron que celebrarse dos juicios para condenarlo. La primera sentencia por la muerte de Jessica Roach quedó anulada a raíz de la apelación de su abogado. Al momento de la visita a Jimmy Keene en prisión, Hall estaba esperando el segundo juicio. Es decir, podía salir libre y fue entonces cuando el FBI optó por pedir ayuda al narcotraficante.

El fiscal le propuso a Jimmy Keene lo siguiente: trasladarlo de incógnito a la prisión de máxima seguridad y hospital psiquiátrico donde el estado de Missouri albergaba a los prisioneros con enfermedades mentales. Una vez allí debía cumplir la aterradora misión de formar amistad con Larry DeWayne Hall, conseguir una confesión y la localización de al menos uno de los cuerpos. El de Tricia Reitler, uno de los casos más conocidos por aquel entonces. “¿Quieres que me apunte al infierno y me haga amigo del demonio?” le preguntó Jimmy al fiscal. “Ni por todo el dinero del mundo” le dijo.

Sin embargo, según el abogado, si lo conseguía le devolvería la libertad enseguida y borraría todo su expediente. Beaumont le explicó que el asesino enseguida se daría cuenta si enviaban a un agente infiltrado. Notaría que estaba preparado y no abriría la boca. En cambio, la simpatía de Keene y su facilidad para adaptarse a diferentes ambientes peligrosos, ganando favores y socios, lo hacían perfecto para el trabajo.

De todos modos, la primera reacción de Keene fue rechazar la propuesta. Jamás había lidiado con asesinos y corría el riesgo de no cumplir la misión y quedarse atrapado cumpliendo nueve años más en una prisión de máxima seguridad rodeado de criminales mentales. Sin embargo, una tragedia familiar con su padrte le hizo reflexionar sobre la urgencia de conseguir la libertad y aceptó el trato.

Como nos muestra la serie, y también reflejan varios libros y podcasts sobre el caso, a Larry DeWayne Hall lo interrogaron en 1994 en relación con el asesinato de Jessica Roach, quien había desaparecido mientras montaba en bicicleta un año atrás. Finalmente encontraron su cuerpo en un campo de maíz, cerca de la vivienda de Larry, a quien la policía ya tenía fichado por “acosar y seguir chicas adolescentes”. Según documentos judiciales, Larry se puso muy nervioso en aquel primer interrogatorio cuando le preguntaron por el asesinato. Y durante el segundo el día siguiente confesó haberla asesinado. Sin embargo, como apuntaba previamente, el primer juicio lo declaró culpable pero su abogado logró interponer una apelación que señalaba un desorden de personalidad que lo hacía susceptible a la intimidación. Y en la espera del segundo juicio, donde su abogado esperaba incluir especialistas en su condición mental, el fiscal pidió ayuda a al traficante.

Taron Egerton y Paul Walter Hauser en 'Encerrado con el diablo' (cortesía de Apple TV+)
Taron Egerton y Paul Walter Hauser en ‘Encerrado con el diablo’

Jimmy estaba aterrado. Y no es para menos. Debía convivir con algunos de los criminales más peligrosos e impredecibles que jamás había conocido, sin saber a ciencia cierta cuánto tiempo tendría que pasar allí, mientras su coartada podía quedar al descubierto en cualquier momento si alguien lo reconocía. Incluso el jefe de la mafia, Vincent ‘The Oddfather’ Gigante, le aconsejó que se mantuviera alejado de “los asesinos de bebés”. Sin embargo, poco a poco fue consiguiendo su objetivo, aprovechando una discusión entre Larry y otro recluso para mostrarse de su bando. Sucedió cuando llevaba cinco meses en aquella institución. Había descubierto que el programa de televisión favorito de Larry era uno sobre los criminales «más buscados de América”. Y un día, cuando otro criminal enfadó a Larry al cambiar de canal, Jimmy aprovechó para pelearse con dicho preso ganándose su confianza. En ese momento se convirtió en su héroe, iniciando la amistad y cercanía que necesitaba.

Probablemente fue lo más duro de mi vida, tener que sentarme ahí y hacer de cuenta que era su amigo” compartió Keene en una entrevista a Dateline. “Escuchar ese tipo de cosas y no destrozarlo en pedazos. Pero sabía la misión y lo que estaba en juego para mí y las familias que querían encontrar a sus hijas”. Al final, Larry no solo le habló del asesinato de Jessica Roach, sino también del deTricia Reitler. Le contó que la siguió tras la salida del colegio, que intentó besarla y cuando ella lo rechazó comenzaron a pelearse. Que la asesinó y la enterró en un bosque.

Más tarde, en otra ocasión, vio cómo Larry jugaba con un mapa y unas figuras de pájaros negros esparcidas. Según Jimmy, el asesino le dijo que eran los “halcones observando a los muertos”.

«Ese mapa estaba lleno de puntos rojos en Illinois, Indiana, Wisconsin, si lo observabas desde arriba era el mapa de las sepulturas donde había enterrado a alguien» contó Keene en Dateline. El infiltrado enseguida llamó a la línea directa que tenía con el FBI y dejó un mensaje para que vinieran a buscar el mapa y liberarlo. Había descifrado el caso. Pero el día pasaba y nadie venía a buscarlo. Impaciente y espontáneo cometió el error de enfrentarse a Hall y contarle lo que realmente pensaba de él. Y esa misma noche, cuando el psiquiatra general que conocía su verdadera identidad estaba de vacaciones, la psiquiatra encargada del caso de Hall reaccionó tan preocupada por el estado emocional del preso que puso a Keene en confinamiento solitario. Los días pasaron y cuando por fin lo liberaron, la prueba conseguida había desaparecido.

Finalmente, Keene fue liberado por sus esfuerzos y pudo rehacer su vida, mientras que las autoridades no pudieron conseguir evidencia sólida que señalara a Larry de otros asesinatos, cumpliendo condena perpetua solo por el secuestro de Jessica.

Protagonizada por Taron Egerton (Kingsman, Rocketman) completamente transformado físicamente para el personaje, la serie también cuenta con Paul Walter Hauser (Cobra Kai, Richard Jewell) en la piel del siniestro asesino y Ray Liotta en uno de sus papeles póstumos como el padre de Jimmy. Una interpretación que, debido al estado de salud delicado que sufre el personaje en la historia, logra contagiar emociones encontradas al ser conscientes del destino final que vivió el actor el pasado 26 de mayo.

La serie está basada en el libro que Keene escribió en 2010, In with the devil, que llegó a interesar a Brad Pitt con la intención de transformarlo en película aunque el proyecto nunca dio sus frutos. El tiempo pasó y la idea aterrizó en Apple TV+, siendo desarrollada por una mente privilegiada en universo del thriller dramático más intenso como Dennis Lehane. Se trata del autor de varias novelas desgarradoras adaptadas al cine como Mystic River (Clint Eastwood, 2003), Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2010) o Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). Un dato que, en mi opinión, resume la percepción que el público puede esperar del tono, estilo y propuesta detrás de la serie. Y si bien a la hora de escribir este artículo solo se han estrenado los dos primeros episodios, en ningún momento defrauda. Todo lo contrario.

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