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El Papa: «No hay santidad de fotocopia, todas son originales»

Por Redacción

El Papa ha rechazado la idea de la santidad como «una meta inalcanzable» o como una que es «de fotocopia», en la ceremonia de canonización de diez nuevos santos de la Iglesia católica, seis hombres y cuatro mujeres, entre ellos, Charles de Foucauld.

Este último es considerado como el referente contemporáneo de la llamada ‘espiritualidad del desierto’ o Lázaro, conocido como Devasahayam, el primer santo laico indio que luchó por la igualdad entre las personas sin importar su proveniencia o casta.

«A veces, insistiendo demasiado sobre nuestro esfuerzo por realizar obras buenas, hemos erigido un ideal de santidad basado excesivamente en nosotros mismos, en el heroísmo personal, en la capacidad de renuncia, en sacrificarse para conquistar un premio», ha señalado el Papa ante cerca de 45.000 peregrinos que se han congregado en la plaza de San Pedro, según datos de la Santa Sede.

Tras dos años sin grandes eventos por las restricciones de la pandemia, el Vaticano ha retomado este domingo las grandes ceremonias. De hecho, la última canonización fue el 13 de octubre de 2019 cuando Francisco hizo santos al cardenal John Henry Newman o a la hermana Dulce, de Brasil.

En su homilía, el Papa ha citado a santa Teresa de Ávila y ha asegurado que lo único necesario para ser discípulos de Jesús es «dejarse transfigurar por la fuerza del amor de Dios». Saliéndose del discurso que tenía preparado, ha señalado que «no hay santidad de fotocopia» porque cada una «es original».

«Todos estamos llamados a la Santidad, a una santidad única e irrepetible. Sí, el Señor tiene un proyecto de amor para cada uno, tiene un sueño para tu vida. Acógelo. Y llévalo adelante con alegría», ha manifestado a continuación.

En este sentido, ha asegurado que el origen del ser cristianos «no está en las doctrinas y las obras, sino el asombro de descubrirnos amados, antes de cualquier respuesta que nosotros podamos dar».

Francisco ha apuntado que mientras que el mundo quiere frecuentemente convencer de que sólo se es válido si se producen resultados, el Evangelio recuerda la verdad de la vida. «Somos amados», ha dicho.

Por ello, ha llamado a «salir del egoísmo» porque «la santidad no está hecha de algunos actos heroicos, sino de mucho amor cotidiano». Dirigiéndose a los distintos estratos de la sociedad, el Papa ha instado a ofrecer la propia vida «desinteresadamente, sin buscar ninguna gloria mundana». «¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales», ha reflexionado.

La ceremonia ha arrancado con la proclamación de la fórmula la «petitio» en la que el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, acompañado por los postuladores, ha pedido al Papa Francisco que canonice a los diez beatos. El Papa ha llegado a pie caminando con dificultad debido a los problemas que arrastra en la rodilla derecha. En los últimos días había aparecido, en cambio, en las audiencias en el Vaticano silla de ruedas.

El pontífice también ha elevado a los altares al fundador de los Padres de la Doctrina Cristiana, César de Bus; a la cofundadora de las Pequeñas Hermanas de la S. Familia, María Domenica Mantovani; a las monjas francesa María Rivier y a la italiana María de Jesús; al carmelita Tito Brandsma, periodista que murió asesinado en Dachau; el sacerdote Luigi María Palazzolo, fundador de la Congregación de las Hermanas de los Pobres; al sacerdote Justino María Russolillo, fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones; a la religiosa María Francesca di Gesù Rubatto, fundadora de la escuela de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto en Uruguay y María di Gesù Santocanale, que fundó las Hermanas Capuchinas de la Inmaculada de Lourdes.

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