Brufau critica que Europa prime la sostenibilidad energética

Por Redacción

El presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha criticado que, en materia de energía, Europa «prima la sostenibilidad, olvidándose de la competitividad y la seguridad de suministro» y, además, no está acometiendo «una descarbonización real», sino que «exporta emisiones», llevando su producción a países como China, con un impacto «muy superior» en el planeta.

A su juicio, la estrategia de descarbonización tiene que ser «enormemente ambiciosa, pero basada en el realismo y sustentada en las capacidades industriales y tecnológicas», algo en lo que Euskadi está «muy bien posicionada», y tampoco «puede hacerse impactando negativamente en la industria».

Brufau ha participado este martes en el 32 Encuentro empresarial de la sociedad de garantía recíproca Elkargi ‘La economía actual ante su transformación’, organizado con motivo de su Junta General anual en el Kursaal de San Sebastián, que ha abierto su presidente, Josu Sánchez, y que ha contado también con la intervención, via online, del vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Ricardo Mourinho-Félix; y de la directora general adjunta de la Organización Mundial del Comercio, Anabel González.

Al evento han acudido, entre otros, el delegado del Gobierno central en Euskadi, Denis Itxaso, y ha sido clausurado por el lehendakari, Iñigo Urkullu.

El presidente de Repsol ha opinado que «demonizar combustibles fósiles es un error». «Van a estar hoy y en 2050, hay que hacer que tengan carga de carbono menor que la actual y la solución no pasa por electrificarlo todo», ha apuntado.

Además, ha incidido en que «el trilema de seguridad de suministro energético, sostenibilidad y competitividad no pueden ir por separado, aunque hasta ahora sí lo han hecho, ya que de lo contrario no habrá bienestar en el futuro del planeta». «No tenemos seguridad de suministro, competitividad tampoco porque tenemos energía más cara que el resto de regiones del planeta, y sí tenemos el énfasis e importancia que le damos a la sostenibilidad», ha incidido.

Tras augurar que «el planeta se va a separar en dos y la globalización va a perder fuerza», ha considerado que «Europa tiene que hacer una reflexión para ver cómo nos van a coger las próximas crisis políticas para determinar si estamos o no preparados para poder contar con materias primas minerales suficientes».

También ha señalado que Europa no ha logrado «un mercado único de la energía en Europa, cada país ha tirado por dónde ha querido» y, a su juicio, «antes de hablar de sostenibilidad hay que hablar de qué se desea «energéticamente en Europa».

«No podemos parar la descarbonización, el planeta no tiene mucho tiempo para no calentarse más de un grado y medio o dos grados y medio, nos quedan 15 o 20 años al ritmo de emisiones actuales para llegar al grado y medio más y hay que actuar con mucha velocidad», ha reconocido.

En este contexto, ha defendido «desacoplar desarrollo con consumo energía, la energía menos intensiva en carbono y capturar las emisiones que hacemos, algo de lo que Europa no está hablando». «Estas tres variables tienen que condicionar el futuro a nivel de estrategia», ha dicho.

«Hablamos de tecnología, no la que conocemos hoy, sino la que aparecerá en el futuro; de eficiencia energética; de generación renovable; de eliminación del metano; biocombustibles; combustibles sintéticos; hidrógeno verde; líquidos que pueden ser descarbonizados, ahí tenemos parte de la solución; y de cómo capturar el carbono a través de sumideros naturales o tecnología», ha afirmado.

Para Brufau, hay «tiempo –no mañana–, pero sí tiempo, para aplicar pragmáticamente rutas de coste más eficientes en abatir el CO2». «Y no vayamos a abatir todo lo que se mueve», ha agregado.

SEGURIDAD DE SUMINISTRO Y SU COSTE

Además, ha criticado que en Europa «hay un énfasis en la sostenibilidad, pero un escaso o nulo interés en hablar de competitividad e industria» y «sin industria no hay desarrollo futuro». Brufau ha añadido que, por ejemplo, «se sustituye el gas ruso por gas de EEUU producido por fracking, cuando está prohibido o cuando en Álava hay reservas de gas».

«La transición tiene que pasar hacia una economía más descarbonizada, pero eso lleva tiempo y muchísimos costes», ha señalado, para advertir de que ese incremento «ha venido para quedarse y hay que explicarlo al ciudadano», porque es algo que no depende de la guerra de Ucrania, sino que es «consecuencia de políticas que priman la sostenibilidad, olvidándose de la competitividad y la seguridad de suministro».

Asimismo, ha aludido a la necesidad de una «gobernanza global» y un «proceso transitorio largo para sustituir combustibles fósiles por energías con menos emisiones de carbono, que no pasan solo por la electrificación».

«Hay tecnologías que, en corto y medio plazo, ya han probado su reducción de emisiones, y el calentamiento no vendrá por el uso en mayor o menor medida de un vehículo con una tecnología u otra, no condicionemos las tecnologías», ha pedido.

A juicio de Brufau, no se puede negar que la estrategia de descarbonización «tiene que ser enormemente ambiciosa, sustentada en realismo y en las capacidades industriales y tecnológicas», pero «no puede hacerse impactando negativamente en la industria».

«TRANSICIÓN JUSTA»

El vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Ricardo Mourinho-Félix, vía telemática, ha defendido que hay que «garantizar una transición justa para las regiones más afectadas por las medidas contra el cambio climático, nadie debe quedar rezagado».

Además, ha advertido de que se debe «hacer un mejor uso de nuestros escasos recursos públicos y movilizar la inversión privada para la acción por el clima y proteger el medio ambiente». «Sin ella no tendremos éxito», ha puntualizado.

Mourinho-Félix cree que «es el momento de marcar la diferencia entre una Europa líder y resiliente» y ve «fundamental» la inversión de los planes y mecanismos de recuperación, que pueden elevar la producción europea «durante mucho tiempo». Ha avisado, no nobstante, que «por sí solos no son suficientes», ya que deben de ir acompañados de «reformas estructurales absolutamente necesarias».

González, por su parte, ha reclamado que «el sector privado se mantenga comprometido con el sistema comercial multilaterial e invierta en él para hacerlo más fuerte». También se ha referido a «tres áreas de oportunidad», la primera la transformación del comercio mundial, con «cadenas globales de valor más ingrávidas» y el «potencial» del comercio de servicios globales.

En segundo lugar, ha destacado la transición verde, que requiere de políticas «armonizadas» y debe de ser «sostenible y duradera». Por último, ha citado el «impulso a la resilencia económica», apostando por «diversificar y no desglobalizar» el comercio. Además, ha invitado a la «salvaguarda del sistema comercial basado en normas», con reformas «y no retrocesos».

ECOSISTEMA PÚBLICO-PRIVADO

Por su parte, Sánchez ha destacado que Elkargi «cuenta con un riesgo vivo de 1.700 millones de euros y un coeficiente solvencia más 13%», lo que la convierte en «la primera sociedad de garantía recíproca del Estado en cuanto a riesgo vivo se refiere». Además, ha abogado por la creación de un «ecosistema público y privado» para aportar soluciones financieras y financiación a las empresas.

A su juicio, Elkargi es «más necesaria que nunca», en el actual escenario de «incertidumbres», en el que, además, el apoyo a la industria es «fundamental». Por último, ha abogado por «invertir en demografía para solucionar un problema que puede poner en riesgo, entre otras cuestiones, el sistema de pensiones en todo el Estado», y por «permanecer vigilantes» y «trabajar con fortaleza», en una coyuntura en la que «será necesario algún sacrificio».

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